Siria Devastada

#Opinión Sanciones, insurgencia y bombardeos: Siria, todavía lejos de la paz

CBST Noticias.- Desde que a principios de este año Trump anunciase que tenía pensado salir de Siria, los medios se han ido poco a poco olvidando del país. ¿Todavía siguen en guerra? Es una pregunta cada vez más recurrente.

Sí, siguen en guerra, y Trump ni siquiera se ha ido; pero ha aceptado que no va a lograr derrocar el gobierno, así que ya no necesita de campañas para legitimar su apoyo a los grupos armados.

La guerra actualmente no es tan cruenta como hace años, pero en Idlib han muerto desde abril más de 1000 combatientes.

El daño ahora lo están provocando las sanciones que, sin apenas levantar el polvo, impone EE.UU. para asfixiar a la población siria, bajo la lógica del “si no ganamos nosotros, no gana nadie”.

Ni la insurgencia del Estado Islámico (ISIS) ha sido eliminada, ni Idlib es el único frente activo. ‘El Califato’ ha sido destruido, y no hay otro territorio tan beligerante como Idlib, pero la insurgencia en el desierto sigue costando controlarla, hay rebeldes en Afrín, Alepo y el Norte de Hama, y las Fuerzas Democráticas Sirias, serviles a los intereses de Estados Unidos y cualquiera que quiera meter el hocico –desde Francia hasta Israel, pasando por Arabia Saudí– controlan todo el noreste del país, participando en la campaña norteamericana para intentar reducir al mínimo el petróleo que tiene Damasco.

Turquía y Rusia han intentado negociar la pacificación del Gran Idlib representando a la oposición y el gobierno respectivamente en cuatro sesiones de negociaciones en Astana y Sochi, pero estos diálogos han demostrado ser un fracaso dinamitados siempre por Hayat Tahrir al-Sham (HTS); el grupo más fuerte de Idlib, heredero de al-Qaeda en Siria.

Para los rebeldes la guerra es algo más que una simple contienda por hacerse con el poder. La llevan al plano espiritual de la yihad y el esfuerzo. Para los rebeldes las únicas opciones son vencer o morir.

Tal es el grado de fanatismo de los más de 30.000 combatientes que se estima que hay, que muchos de ellos pertenecen a otras regiones de Siria porque al reconciliarse estas, ellos prefirieron seguir luchando en Idlib.

Hay todavía hoy unos pocos desubicados que afirman que Idlib es un bastión de resistencia y democracia. Nada más lejos de la realidad.

El poder de Idlib reside en el Consejo de la Shura, dominado por el Gobierno de Salvación, que es el brazo político de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), el brazo de al-Qaeda en Siria, como así lo considera la ONU.

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La ley en Idlib es la sharía, y su gobierno se dedica a financiar la yihad en Siria pero también a grupos terroristas en el exterior tales como Murabitūn, responsable del asesinato de tres españoles en África en 2009.

La única oposición que encuentran es la de grupos menores como Hurras ad-Din, tan moderados que se reivindican como la nueva al-Qaeda en Siria y piensan que deberían recuperar los ataques contra occidente.

Y aunque Turquía cuando negocia con Rusia para comprar nuevo armamento asegura querer acabar con la violencia en Siria, la realidad es que estos grupos terroristas no sobrevivirían sin la ayuda, a veces pasiva, otras directa, de los turcos.

Turquía lleva desde 2011 metiendo los morros en Siria, creando, apoyando y armando a los rebeldes, yihadistas de todo pelaje y organizaciones como Cascos Blancos.

En Ankara tienen mucho interés por mantener a la insurgencia yihadista de Siria, por lo que apoyan a todas las facciones que actualmente se han unido contra el gobierno sirio.

Ni siquiera los países que más fervientemente apoyaron a los mal llamados rebeldes moderados, están tan empeñados en mantenerlos vivos como lo está Turquía.

Con casi 4 millones de refugiados y una crisis social, económica y política que cuestiona el poder del AKP, Turquía debe dar pasos hacia la estabilidad.

Por eso no quiere que los rebeldes retrocedan, temiendo que el avance del ejército sirio provoque un éxodo de radicales y civiles hacia su frontera.

Para ello, no dudan en proteger a yihadistas internacionales, muchos de ellos de Asia Central, chechenos y chinos.

Tal es el descaro con el que Turquía apoya a los terroristas que, cuando uno de los principales mandos de HTS, Abu Mujahed al-Shami, sufrió un atentado en Idlib, lo enviaron a Turquía para ser tratado en un hospital.

Y mientras, mueren los civiles. En Idlib están muriendo civiles de ambos bandos, y eso es responsabilidad de quienes azuzan las cenizas de la guerra para que la llama nunca se apague.

De los 300 que han muerto en la última ola de violencia de Idlib que empezó hace casi tres meses, muchos han sido de zona rebelde, pero otros tantos, los más olvidados, vivían en zona gubernamental.

Explicar los conflictos en base a la dialéctica de los civiles muertos es, básicamente, explicar qué es una guerra y por qué siempre resultan tan terribles.

Unas guerras y un sufrimiento que no solo le interesan a yihadistas –para los que cuanto peor mejor– o turcos. Mientras la violencia no cesa en Idlib, desde el sur Israel continúa sus bombardeos contra territorio sirio, que ya suman cientos; tan constantes que han dejado de ser noticia. Bombardeos en los que también mueren civiles. Niños.

Pero de estos bombardeos y estas muertes apenas se informa, porque no los pueden instrumentalizar para su agenda los apologistas de la guerra que buscan intoxicar y mantener la presión sobre Siria para que el frente de Idlib nunca se pacifique.

En las costas el control de la situación tampoco parece total. Al hecho de que se esté impidiendo que lleguen a Siria los barcos iraníes que transportan petróleose le añaden recientes sabotajes que además de provocar una agudización de la crisis por falta de petróleo, amenazan con una catástrofe natural para las cosas sirias.

A finales de junio, alguien saboteó los oleoductos subacuáticos de la refinería siria de Baniyas, en Tartous, causando que el petróleo se esparciese por el mar y contaminase el entorno. De acuerdo al gobierno sirio, el sabotaje fue profesional, por lo que señalan la coordinación con fuerzas estatales externas que querían enviar un mensaje.

Se ha perdido el interés en Siria porque los planes para derrocar a su gobierno han fracasado y ya hay nuevos escenarios en los que operar: Venezuela e Irán. Pero la guerra sigue. Solo unos pocos desubicados pretenden vender la imagen irreal de Idlib.

Solo unos pocos desubicados pretenden hacernos creer que en el mayor feudo yihadista desde Afganistán, quedan grupos moderados y democráticos. Ahora la guerra entra en una nueva fase, dedicada a las sanciones que impidan que Siria prospere. Pero en Siria, la guerra sigue.

 

Por Alberto Rodríguez García

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Venezuela y Siria

Venezuela no es Siria, pero las tácticas de guerra en contra son las mismas

CBST Noticias.- Desde que Juan Guaidó se autoproclamó presidente interino de Venezuela, la retórica emanada desde Washington se ha vuelto cada vez más familiar.

Repite la misma grandilocuente y vacía clase de propaganda de guerra (“crisis humanitaria”) que ha sido usada repetidamente contra naciones de ricos recursos, de Afganistán a Iraq, a Libia, a Siria. Ahora la estamos viendo contra Venezuela.

La receta del cambio de régimen es directa: demonizar al líder y a aquellos que defienden el país; apoyar una oposición que es inevitablemente violenta y blanquear sus crímenes; sancionar al país y atacar su infraestructura para crear condiciones insufribles; crear falsas noticias sobre cuestiones humanitarias; posiblemente emplear incidentes de falsa bandera para incriminar al gobierno; controlar la narrativa; e insistir que la intervención es necesaria por el bien del pueblo.

En Libia, africanos negros son vendidos como esclavos en un país devastado por el falso humanitarismo y los bombardeos occidentales.

Venezuela ha resistido de manera insolente las guerras económica y de propaganda por años, dirigidas por Estados Unidos y Canadá, así como al golpe de Estado y los intentos de asesinato, solo para ver la retórica anti-venezolana una vez más en auge en los últimos meses.

A pesar de los rastros de escombros que han dejado los esfuerzos de cambio de régimen por parte de los Estados Unidos durante décadas a lo largo de América Latina y el mundo, cuando se comparan las tácticas contra esos países y ahora contra Venezuela, alguna gente sorpresivamente insiste en que esta vez es diferente.

Venezuela no es Siria, dicen. Esta vez, argumentan, realmente se trata de un “régimen corrupto” y los “derechos humanos”, o en el caso de Venezuela, una “crisis humanitaria”… como si los Estados Unidos siempre tuvieron las mejores intenciones con cualquier pueblo, incluyendo el suyo, por naturaleza.

Ignoran las sanciones asesinas de Occidente contra Venezuela y el apuntalamiento de la “oposición” violenta -una oposición que ha quemado civiles en vida-, al igual que los millones de dólares que gasta en su apoyo.

Además están las más recientes acciones violentas contra Venezuela, como la tentiva de meter camiones “humanitarios” el 23 de febrero al país, y el intento de golpe apoyado por Estados Unidos el 30 de abril de Guaidó y Leopoldo López (un dirigente opositor violento de extrema derecha), claramente rechazado por las masas venezolanas.

Los colectivos, la nueva Shabiha

Antes de 2011, los medios corporativos occidentales en realidad tuvieron muchas cosas positivas que decir sobre el liderazgo de Siria, alabando al presidente Assad como un reformista de menta abierta.

Cuando comenzó la operación de cambio de régimen, Assad y sus aliados fueron los enemigos número uno. En Venezuela y en Siria, los presidentes Maduro y Assad fueron legítimamente electos y mantienen un amplio apoyo entre sus respectivas poblaciones.

También, los medios corporativos occidentales y los políticos que ellos hacen eco considera de manera rutinaria que ambos países son “dictatoriales” y sus presidentes electos, ilegítimos, mientras apoyan marionetas impopulares y antidemocráticas que intentan poner en su lugar.

Pero demonizar al gobierno no es suficiente; seguidores del gobierno también son blanco, o sencillamente desaparecen. En Siria, los simpatizantes de Assad son llamados shabiha (en árabe levantino, significa “fantasmas” -nota del traductor-), infiriendo que ellos -¡sí, millones de ellos!- son matones pagados por el gobierno, y así negar sus voces.

Es una táctica completamente hipócrita usada para silenciar las voces de las masas, junto a la línea de los medios corporativos occidentales llamándonos a aquellos que la cuestionamos, que hemos ido a los lugares en cuestión, como “teóricos de la conspiración”.

La shabiha de Venezuela son los colectivos, y son asimismo representados como matones apoyados por el gobierno, y designados por los Estados Unidos como “terroristas”.

Estos colectivos son grupos organizados de base, movimientos políticos comunitarios, integrados por educadores, feministas, pensionistas, agricultores, ambientalistas, para proveer asistencia médica en sus comunidades, entre otras cosas, o en defensa de la nación.

Mientras difaman a los colectivos, los medios corporativos occidentales y los políticos gritones como Marco Rubio y John Bolton blanquean los crímenes reales de los seguidores armados de la oposición. Un ejemplo reciente: un miembro de la oposición incendió una sede central del PSUV, dejando una nota insultando a los colectivos.

En Venezuela, pasé tiempo con el líder de un colectivo pequeño de 170 familias. El colectivo ayuda a la juventud de la comunidad con sus necesidades y organiza actividades para ellos, así como proveen productos económicos a la comunidad local. Durante los apagones, este mismo colectivo apoyó a cientosde familias en la obtención de agua para beber y lavar, y en almacenar alimentos perecederos.

El 30 de marzo, me uní a cientos de miembros de los colectivos motorizados y mototaxistas sindicados que manejaron por la capital en muestra de apoyo a su país y en resistencia a la intervención extranjera.

Estos fueron mujeres y hombres que emitieron una declaración con su presencia física: no permitirán que su país sea atacado, desde adentro o desde afuera.

Uno de sus organizadores, sumamente consciente de cómo los colectivos son retratados, me dijo: “No somos terroristas, los terroristas vinieron con esa oposición lacaya”, y añadió que otros gobiernos traen el terrorismo a Venezuela.

Otro hombre en la marcha motorizada dijo: “Estamos sufriendo por el terrorismo que ha sido implantado a través de un títere estadounidense llamada Juan Guaidó. Te decimos, Guaidó, y te decimos, Trump: ‘Nos quitaste el agua, nos quitaste la luz, pero encendieron nuestras almas, y estamos determinados a defender el país con nuestras vidas si es necesario'”.

Los mismos motorizados se unieron a otras decenas de miles de civiles venezolanos que tomaron las calles en una demostración festiva de apoyo al presidente Maduro.

Dos semanas antes, el 16 de marzo, caminé durante algunas horas en otra masiva manifestación, filmando a los manifestantes, oyendo sus opiniones sobre el no-presidente Guaidó, sobre su apoyo a Maduro, y sobre su negativa de ver el proyecto bolivariano destruido.

Más temprano ese día, dando vueltas durante una hora en mototaxi hice una parada, busqué a seguidores de la oposición que tenían la intención de convergir en múltiples puntos a través de la ciudad, bajo los llamados de Guaidó de tomar las calles.

En una de las locaciones, en vez, conseguí a seguidores de Maduro, y finalmente en otros puntos encontré un puñado de opositores, luego a un par de docenas de ellos en el bastión opositor, Altamira.

En Siria, las manifestaciones masivas en apoyo al presidente Assad ocurrieron en los tempranos meses de 2011 y en años recientes.

Sanciona al país y ataca su infraestructura

Los Estados Unidos y Canadá durante años han puesto a Venezuela bajo agobiantes sanciones, una forma de castigo colectivo.

La relatora especial de las Naciones Unidas Idriss Jazairy señaló, el 6 de mayo, la hipocresía de imponer devastadoras sanciones y medidas económicas relacionadas, y con todo se alega que estas ayudan al pueblo venezolano.

El experto de las Naciones Unidas Alfred de Zayas acertadamente llama a las sanciones como una forma de terrorismo, “porque invariablemente impactan, de manera directa o indirecta, en los pobres y vulnerables”.

Las cabezas parlantes de Estados Unidos minimizan los drásticos efectos de las sanciones, pero la realidad de éstos es alarmante.

Un reporte reciente estima que las sanciones causaron 40 mil muertes entre 2017 y 2018, con 300 mil venezolanos más bajo riesgo.

Recientemente, un niño de seis años que necesitaba un transplante de médula ósea y tratamiento (provisto por una asociación en acuerdo con PDVSA, la compañía venezolana de petróleo y gas) murió como resultado del tratamiento denegado por las sanciones estadounidenses a PDVSA.

Cuando llegué a Caracas en marzo, llevaba tres días del primer de los dos grandes apagones en Venezuela ese mes. Del primero, el gobierno venezolano mantiene que los Estados Unidos fijó como objetivo el sistema eléctrico, a través de un ciberataque, usando aparatos de pulso electromagnético, y ataques físicos.

Apuntar a la infraestructura eléctrica no es un concepto foráneo para los Estados Unidos, y durante el primer corte, incluso Forbes escribió que “la idea de que un gobierno como el de los Estados Unidos intervino de manera remota en su sistema eléctrico es bastante realista”.

Horas antes del corte de energía el 7 de marzo, Marco Rubio predijo que Venezuela entraría “en un periodo de sufrimiento que ninguna nación ha enfrentado en la historia moderna”.

En Siria, desde 2011 los terroristas han atacado estaciones y centrales eléctricas. Los sirios en Alepo vivieron durante años sin electricidad, privados de energía luego de que los terroristas tomaran el control del distrito donde se ubica la central eléctrica. Aquellos que pudieron costearlo compraron generadores eléctricos por amperios.

Luego de los bombardeos israelíes de 2006 sobre la central eléctrica de Gaza, los palestinos sufrieron años de apagones por 18 horas o más al día. En el presente, Gaza tiene ocho horas de electricidad por día.

Claramente, el concepto de atacar infraestructuras como la eléctrica y del agua es con el que los Estados Unidos y sus aliados están familiarizados, con el fin de crear condiciones infernales de vida para el pueblo del país objetivo.

Crisis del hambre y de gente que come de la basura

En Siria, cada vez que un área ocupada por Al-Qaeda & Cía está siendo liberada, los medios corporativos lloran en masa sobre los civiles hambrientos, echándole la culpa al gobierno sirio cuando de hecho siempre fueron los terroristas quienes acapararon y controlaron la comida y el auxilio médico.

La propaganda de los civiles hambrientos ha reaparecido en Venezuela, con los medios occidentales alegando una epidemia de abastos vacíos y de gente comiendo de la basura.

Jorge Ramos, un periodista de Univisión, dijo haber filmado a tres hombres comiendo de un contenedor de basura muy cerca –incluso a minutos– del palacio presidencial Miraflores. En realidad, Ramos filmó en Chacao, bastión de la oposición a 7 km del palacio, más de hora y media con el tráfico prendido de Caracas.

A finales de marzo, di un paseo con un joven líder de un colectivo que logré conocer cerca del barrio de Las Brisas, al oeste de Caracas.

Para ilustrar su punto de que el bombo occidental sobre la masiva hambruna no tiene sentido, tocó las puertas de una zona de clase baja preguntando a la gente que encontramos si ellos estaban muertos de hambre, y si habían comido ese día. La mayoría estaba confundida por la rara pregunta (obviamente no han visto la cuenta de Twitter de Rubio).

En el complejo de viviendas Ciudad Mariche, los locales igualmente insistieron en que no hay una crisis humanitaria. Un hombre me dijo: “No estamos muriéndonos de hambre. Tenemos muchos problemas en general, pero hambre no. Esta no es una crisis humanitaria. Dile a tus gobiernos que esto no es una pelea contra Maduro, es una contra un pueblo que trata de ser libre”.

Cualquier estado que no sea Estados Unidos en Siria y Venezuela son “ilegales” De acuerdo a los pendencieros del mundo, solo los Estados Unidos tienen el derecho de intervenir en naciones soberanas, a pesar de que es ilegal su intervención no solicitada.

Los Estados Unidos han amenazado a los aliados de Venezuela, incluidos Cuba y Rusia, alegando de manera bizarra que Rusia estaba interviniendo en Venezuela sin el consentimiento del gobierno, una afirmación que es contraria al acuerdo bilateral que tienen Rusia y Venezuela.

La postura hipócrita de los Estados Unidos no ha abollado la alianza de Rusia con Venezuela, con Moscú anunciando el intento de crear una “coalición de las Naciones Unidas de países para ‘replicar’ una eventual invasión de Venezuela por los Estados Unidos”.

En cualquier caso, como en Siria, Venezuela no será superada tan fácilmente, con sus fuerzas armadas de 200 mil efectivos y sus casi 2 millones de milicianos preparándose para defender su tierra.

Eva Bartlett es una periodista freelance canadiense y activista de los derechos humanos con amplia experiencia cubriendo la Franja de Gaza y Siria. Recientemente estuvo en Venezuela cubriendo los intentos de golpe de Estado y el sabotaje a los servicios.

Mantiene el blog en inglés En Gaza, donde están publicados la mayoría de sus escritos.

Este artículo fue publicado en inglés en RT el 14 de mayo de 2019, la traducción para Misión Verdad fue realizada por Ernesto Cazal.

Fuente: Misión Verdad

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Manuel Quevedo

Venezuela y Siria revisan planes de negocios en el ámbito petrolero

CBST Noticias.- El ministro para el Petróleo, Manuel Quevedo, sostuvo este martes una reunión con el embajador de la  República Árabe Siria en Venezuela, Khalil Bitar, reseña la cuenta oficial Twitter  del Ministerio del Poder Popular de Petróleo @MinPetroleoVE.

El encuentro sirvió para revisar los planes y oportunidades de negocios en el ámbito petrolero que favorecen el desarrollo de ambas naciones.

Venezuela y Siria desde el año 2006 han consolidado lazos de unión y hermandad e incluso  iniciaron el camino de la cooperación y firmas de acuerdos para el intercambio tecnológico, cultural, comercial, educacional, energético, entre otros.

El pasado mes de enero ambas naciones revisaron la agenda de trabajo que desarrollan en conjunto para profundizar la cooperación, la amistad y solidaridad entre ambos pueblos.

 

Fuente: VTV

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Con la consigna “no queremos más guerra” grupo diplomático de Siria se pronuncia en apoyo al pueblo de Venezuela

CBST Noticias.- Embajadores, cuerpo diplomático radicados en la ciudad de Damasco en Siria, se solidarizan y  acuden a firmar el  documento “Hands off Venezuela” en respaldo al Presidente Nicolás Maduro y contra las amenazas de invasión de los EE.UU.

La información se dio a conocer a través de la red social Twitter. Desde el pasado viernes se realiza la jornada de recolección de firmas en solidaridad con el pueblo y gobierno de Venezuela. A esta expresión de amor, solidaridad y hermandad se sumaron jóvenes de Siria.

Rechazan la guerra y no desean lo vivido en los países árabes.  El documento permanecerá a disposición de organizaciones políticas y sociales de Siria que quieran expresar la solidaridad y el apoyo al pueblo venezolano.

 También se conoció que la asociación de Amistad sirio-venezolana  ratificó la solidaridad con Venezuela, ante la agresión que intenta instalar un gobierno ilegal transitorio.

Desde días pasados se lleva a cabo un acto masivo frente a la sede diplomática de Venezuela en Siria donde diversos oradores condenaron la injerencia de Estados Unidos.

La masiva actividad se caracterizó por las consignas anti imperialistas y pancartas que condenaron las maniobras del gobierno de Washington para promover la crisis venezolana en contra de todas las normas internacionales.

 

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Expertos pusieron en tela de juicio el ataque químico en Siria

Resultado de imagen para ataque químico en Siria

@CBSTinfo .- Una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad’, es uno de los principios de la propaganda de Joseph Goebbels y viene como anillo al dedo para ver lo que ha ocurrido y ocurre en Siria respecto a los repetidos ‘ataques químicos’ de los que se hace eco Occidente.

El 4 de abril de 2017 se produjo un supuesto ataque químico en la localidad siria de Jan Sheijun (provincia de Idlib) con gas sarín durante los combates entre las Fuerzas gubernamentales de Damasco y la oposición armada, que controlaba la ciudad. La acción se cobró decenas de vidas, entre ellas muchos niños y dejó numerosos heridos. Numerosos expertos pusieron en tela de juicio el ataque y a pocos les importó que 3 años antes Siria se hubiera deshecho de su arsenal químico con supervisión internacional.

Aquí algunos ejemplos:

Profesor del MIT evidencia falsedad del informe de EE.UU. sobre ataque químico en Siria

ONG Médicos Suecos para los DDHH acusó a los Cascos Blancos de “falsificar videos”

“Todos los precursores químicos salieron de Siria en 2014 con ayuda de EE.UU.”

Rusia muestra las fotos que desmentirían el uso de gas sarín en Siria

Las únicas ‘pruebas’ del uso de armas químicas en Siria fueron dos videos de los Cascos Blancos, supuestamente grabados en el lugar de los hechos momentos después del ataque. A diferentes expertos les llamó la atención el hecho de que durante el supuesto ataque, los Cascos Blancos que estaban en el lugar y sin protección no resultaran envenenados con el gas sarín.

El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió y se vetó una resolución de EE.UU. respecto a Siria.

En respuesta, Washington acusó sin pruebas a Damasco de usar armas químicas y decidió realizar su primer ataque militar contra Siria como ‘castigo’ el 7 de abril, lanzando 59 misiles Tomahawk desde los destructores USS Ross y USS Porter.

Todo lo anterior parece que se desarrolló la semana pasada y parte de esta, pero les recuerdo que ocurrió hace un año.

No fue el primer ‘ataque químico’ atribuido al gobierno de Bashar al Assad y mucho menos el último.

Aniversario

Para conmemorar el aniversario, parece, en plena vorágine por el ‘caso Skripal’, se produjo otro presunto ataque químico con cloro y sarín: el 7 de abril de 2018 un grupo rebelde sirio acusó al Ejército del Gobierno sirio de haber arrojado desde un helicóptero esa noche una bomba de barril que contenía químicos venenosos sobre civiles en Guta Oriental. Una organización de ayuda médica anunció que 35 personas habrían muerto por ataques químicos en la zona, informó Reuters.

Múltiples reportes en las redes sociales sobre el supuesto ataque químico difieren respecto a la cantidad de posibles víctimas mortales. Varios medios, algunos de los cuales citan a los Cascos Blancos, informan que de 75 a 150 personas murieron y centenares resultaron heridas tras el incidente.

Otra vez volvemos a tener los mismos elementos: falta de pruebas, Cascos Blancos y todo Occidente señalando a Bashar al Assad y responsabilizando de paso a Rusia e Irán, los aliados de Damasco.

A nadie le importa que en las muestras del suelo tomadas en la zona no tengan rastros de los mencionados agentes químicos ni que en el único hospital de la zona  no haya rastros de afectados. Solo un video, que ya muchos medios —parece que algo han aprendido de fabricaciones anteriores— tachan de “imágenes sin comprobar” o “presunto ataque”, es la prueba fehaciente para que Donald Trump y el ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, vuelvan a pedir la cabeza de Assad.

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