Falcón recuerda hoy a las Ánimas de Guasare

CBST-INFO.AG.- Saliendo de la ciudad de Coro, en el estado Falcón, a unos 15 kilómetros por la vía hacia Punto Fijo, se encuentra el Santuario Ánimas de Guasare, edificación que honra a las víctimas de la hambruna del año 1912, una tragedia poco conocida ocurrida en la Venezuela del siglo XX.

Cuenta la historia, que ha pasado de generación en generación entre los paraguaneros y corianos, que en el año 1905, las precipitaciones disminuyeron dramáticamente, por la llegada del fenómeno El Niño, que se acentuó a finales de 1911, lo que propició una de las más grandes sequías de la que se tenga noticia.

Nunca llovió, durante todo el año 1912 en el estado Falcón, de allí que los habitantes de la península de Paraguaná, quienes vivían del cultivo y la cría de ganado caprino, veían como sus tierras se secaban y los animales morían de sed y hambre, sin poder hacer nada.

Una plaga de langostas, que azotó la península en julio de ese año y que acabó con las pocas plantas que lograron sobrevivir a la sequía, se sumó a la desesperada situación de paraguaneros.
Quienes poseían recursos económicos, traían agua y comida desde Aruba. Se trató de llevar agua desde Coro hasta Paraguaná, a lomo de mula; sin embargo, ésto resultó inviable.

Desesperados, enviaron emisarios a la capital, de forma que el gobierno de Juan Vicente Gómez tomara medidas para llevar agua a la sedienta península, pero no hubo respuesta.
Así comenzó el éxodo. Los paraguaneros abandonaron sus fincas, haciendas y tierras cultivadas atravesando el istmo. Los más débiles sucumbieron, en el trayecto, deshidratados y hambrientos y totalmente desorientados, entre los médanos.

Aún se desconoce la cantidad exacta de personas que murieron durante esta cruenta sequía.
El invierno. Según el historiador falconiano Guillermo de León Calles, a comienzos de 1913 un fuerte invierno causó inundaciones devastadoras.

En el año 1940, en la ruta paraguanera, un pastor encontró tres cadáveres que supuso fueron víctimas de la hambruna del año 12, en la zona del istmo llamada Guasare, denominada así por un árbol del mismo nombre.

Fue en ese lugar donde el lugareño levantó un pequeño monumento con los huesos encontrados y en las noches su familia y vecinos encendían velas y rezaban por las ánimas de los muertos.

Era la época del “reventón” petrolero, y pronto una trocha se levantó al lado del pequeño monumento. A partir de ese momento, los viajeros comenzaron a hacer altos en su camino para rezarle a las ánimas y pedir favores, que pronto, fueron concedidos.

Hacia finales de la década de los 40, las petroleras levantaron un oleoducto que debía pasar obligatoriamente sobre el monumento de las ánimas, por lo que este fue trasladado al lugar en que se encuentra actualmente. Los restos hallados de las personas desaparecieron durante el proceso, de manera misteriosa, según relatos orales de la época.

Durante los años 50, se presentó una trifulca con respecto a la construcción de un santuario a las ánimas, que terminó con la destrucción del mismo en un incendio.

En la actualidad, al santuario se acercan quienes circulan por la carretera Coro-Punto Fijo, encienden velas y agradecen a la ánimas los favores recibidos la carretera

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.