El enemigo

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La premisa básica de todas las guerras es que existan dos bandos antagónicos en pugna por el territorio, los recursos económicos (recursos naturales y fuerza de trabajo) y el poder político, en un determinado momento o en una época histórica. Los antagonistas medirán su fuerza, en cantidad de hombres dispuestos y entrenados para la lucha, en cantidad y capacidad mortífera de sus armas, lo anterior sería redundante si se aprehendiera conceptualmente la guerra en su totalidad, si pensáramos la guerra alejados de la lucha de clases y las fuerzas sociales desencadenadas por la misma.
Existen clases sociales opresoras y oprimidas en pugna, en una impresión primaria se nos muestra que la fuerza de los opresores obliga a los oprimidos a trabajar para que el opresor sea más rico, pero la historia de la humanidad nos demuestra que la fuerza no es suficiente para que millones de seres humanos trabajen servilmente a los intereses de sus opresores, nos muestra que las condiciones sociales deben satisfacer la necesidad de conformidad con la situación humana del individuo, con el problema de su existencia, diferentes vías ha conseguido la dominación para lograr la desviación psicológica del individuo al punto de volverse defensores acérrimos de las condiciones que lo hacen miserable, ejemplo ello son la religión, la ideología y la propaganda¹.
El preámbulo nos servirá para en adelante tratar el tema que nos ocupa de cara a la batalla electoral que está por venir y las amenazas internacionales que ponen en riesgo el destino de la revolución bolivariana, en cuyo destino se haya la esperanza de los pobres de la tierra.
Lo primero es que ambas concepciones de la causa de la guerra se dan en nuestra lucha, la causa clásica de la soberanía sobre los recursos económicos (recursos naturales y fuerza de trabajo) y la causa primordial, el ejemplo de un pueblo luchando de manera heroica por una forma diferente de vivir, por el socialismo y contra el capitalismo, tal motivo nos vuelve una amenaza “inusual y extraordinaria” a los intereses de la clase que gobierna el capitalismo mundial, una amenaza a  su hegemonía. Salta a la vista que un país pequeño en territorio pero rico en petróleo, minerales no metálicos, coltán y oro es de interés para las grandes potencias venidas abajo en sus reservas de recursos naturales, perder el control económico y político sobre Venezuela significa un dolor de cabeza para los Estados Unidos y sus aliados. Sin embargo, el mayor problema no son dichos recursos pues imprimiendo dólares y comprando funcionarios podrían  apropiarse del país sin disparar ni una bala, Chávez nos guío a la contradicción más profunda, la lucha por el socialismo y contra el capitalismo como única solución a los problemas sociales, políticos y económicos en Venezuela.
Ahora bien, en plena contienda histórica es difícil mantener claro a los ojos del pueblo quien es el enemigo, puede pasar que tomemos partido contra nosotros mismos ante circunstancias de lucha abrumadoras, el 6 de diciembre de 2015 fue una expresión de lo dicho. La sugestión causada a la población de los estratos medios y bajos de la sociedad fue tan grande que el enemigo pareció ser el gobierno, los medios de enajenación lograron convencer a la gente con la idea del voto castigo, como si votando en contra se estuviese castigando a Nicolás o a Diosdado, me atrevo a calificar aquella victoria electoral de la derecha como producto de un berrinche infantil de los venezolanos en conjunto(algunos por rajarse y votar en contra y de muchos militantes por no hacer el trabajo de calle). El problema del enemigo es determinante, que el chavismo de base y la vanguardia política tengan el mismo enemigo es vital, pero difícil de lograr. Por ejemplo, un militar que se preste para que nos saqueen a través de la frontera es un enemigo embestido de autoridad por la propia revolución, un funcionario ineficiente, cualquier institución de la revolución que a sus puertas haya gente esperando por días bajo el sol para una mariquera son sujetos activos en la guerra, son instrumentos finos de las operaciones bélicas del imperio.
Para nuestro caso el enemigo es tan extraño porque extraña es también la guerra, las formas de lucha y los teatros de operaciones en que se desarrolla. El tamaño ejemplo de dignidad que significa la revolución bolivariana hace inútil para los fines de la dominación una abrupta caída del gobierno, necesario es tumbar la moral del pueblo que acompaña al chavismo, que jamás vuelva a escucharse aquel grito de Abril: “ese es nuestro sueño, por nuestros hijos ¡queremos a nuestro presidente!”. La caída de la mística y la moral revolucionaria significa para Washington la victoria más anhelada, la conciencia hoy es un asunto vital y no es la conciencia electoral a la que estamos acostumbrados, necesario es avanzar a una conciencia colectiva de guerra, esa debería ser la tarea que mantenga ocupada a la vanguardia, si las masas que nos acompañan no entienden racional y emocionalmente que estamos en guerra difícilmente pueda superarse la crisis política interna, sin conciencia de guerra difícilmente pueda darse el resurgir de la moral; bachaquear un bulto de harina o dejar pasar una gandola para Colombia se verán como hechos aislados para solucionar el problema individual de los pocos que tengan la oportunidad de lucrarse con la crisis y no como un crimen de lesa humanidad, un acto de traición a la patria, a la humanidad inclusive.
El enemigo es el imperio y el imperio nos ha educado en la idea de que solo atacan con marines defensores de la libertad, pero en realidad la guerra hoy en día se hace con sanciones económicas, con ejércitos irregulares, hostilidad diplomática y sabotaje de las políticas internas. En este hemisferio es vital para estados unidos agotar las vías no militares de dominación, aunque “no descartan la opción militar” su mayor apuesta es que nosotros mismos acabemos con la revolución con un amotinamiento general, las acciones de guerra son claras, en Colombia todo el que llegue con mercancía Venezolana le será comprada, el caso del cable de cobre es escandaloso, lo pagan a 20 dólares el kilo, lo que tiene a las bandas paramilitares activadas en todo el territorio pagando millones de bolívares por un cable… Como ese hay miles de ejemplos por eso es vital entenderse a uno mismo en un bando u otro, el bando de la patria en resistencia heroica o el bando del imperio bachaqueando, traficando con el efectivo, haciendo esperar a los viejitos bajo el sol a las puertas de un banco, diciendo: “yo era chavista pero no apoyo a Maduro”…

Es importante saber que no será el trabajo intelectual escolástico, la predica al aire, lo que germinará la conciencia de guerra, son las acciones de guerra las que despertaran al que este dormido, la contundencia es vital. Cuando se tomó la medida del billete de cien vimos como creció el apoyo y la disposición de combate lástima que no hubo organización para llevarla a cabo por completo, cuando Diosdado dice que los escuálidos deben salir de la administración publica el pueblo se crece en infinidad de aplausos pero los discursos jamás son suficientes, los castigos ejemplares y la rectificación sacarán al chavismo de las catacumbas a las máquinas de votación sin necesidad de afiches ni vallas electorales que no son más que monumentos al narcisismo2. La contundencia debe venir acompañada de la organización y la coherencia, el ejemplo del billete de cien es útil para lo que digo, la medida fue contundente pero quedó eclipsada por los funcionarios de bancos nacionales aceptando cuantiosos depósitos bajo cuerda y la desorganización que llevó al presidente a revertir la medida. Esto nos lleva a aseverar que cerrar filas en torno a Nicolás Maduro es la primera acción de guerra cumplir a cabalidad sus mandatos, saltando el burocratismo clásico, cuidar un puesto en detrimento de la revolución es traición a la patria, todos los espacios de acción política son trincheras de lucha, hay que asumirlos guiados con humildad y por grandes sentimientos de amor.
Francisco Garcia Reyes

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