Amuay en el alma (Por Idelfonso Finol)

La noche del viernes 24 de agosto compartía con los camaradas del Foro Nigale lapresentación de mi libro Cantata a Fidel, que escribí cuando el Comandante cumplió los ochenta y logré publicar ahora con el apoyo del amigo FranciscoQuintero de Corpoelec.

Esa noche cantábamos canciones revolucionarias de todos lados; yo recordaba que si miquerida madre viviera hubiese cumplido setenta y tres. Pero murió a los cuarentay dos, prematuramente cruel.

Es quela muerte casi siempre sorprende, difícilmente se anuncia; menos se acoge. Ella no amenaza, da zarpazos.

Horasmás tarde la mala nueva nos inmovilizó. Un twittero presente nos dio laprimicia. El resto de la noche fue un constante martirio.

Peromartirio verdadero el que estaban padeciendo en esos instantes decenas decompatriotas en la refinería de Amuay y sus alrededores. La explosión causóestragos en sus indefensas humanidades.

Mucharabia, mucho dolor, se desprendieron de millones de almas solidarias en este país tan solidario. Un pueblo entero llorando las pérdidas en vidas, el padecimiento carnal de los sobrevivientes, y suplicando tranquilidad y curación.

La clase trabajadora, civil y uniformada, pagó la cuota total. Es nuestra raíz familiar el proletariado petrolero; de esos sudores oscuros venimos. De esos esfuerzosanónimos vive este país.

Inevitable que la conciencia patriótica nos remita a juegos audiovisuales imperialistas que hablan de hacer explotar Amuay. Inevitable que recordemos recientes predicciones electorales que hablaban de la ocurrencia de “eventos extraordinarios que conmuevan a la opinión pública” para poder cambiar las tendencias favorables a la Revolución Bolivariana.

Vimos nacer esos barrios hace treinta años y más, acompañando a Alí en aventuras y despedidas. Eran rancherías polvorientas entre ventiscas tenaces.

Nos duele el duelo de la hermandad paraguanera. Es que las penínsulas gemelas son las dos cabecitas de mi nación lacustre. Es que corianía y zulianía son los brazos de un mismo abrazo.

Paraguaná,del arahuaco “pequeña tierra entre el mar”, esa reina de la sensualidad peninsular, ha sufrido una traumática desgarradura. El reposo no vendrá de los falsos rituales.

Hay solidaridad intensa, amorosa, en todo el pueblo, desde un Presidente pana,hasta las manos humildes que se extienden a acariciarte con bendiciones.

Amuay,mis ancestros te nombran “viento veloz”, aleja raudo los malos humos que los yolujá y los guanulú quieren sembrarte en el espíritu.

Viejos enemigos extraños te apuntaban con sus colmillos envidiosos; nuevos serviles quieren captarte para su pregón de muerte. Espanta sanguijuela.

Mañanaal amanecer volveréis a ser nación de sueños y clase de creadores.

Mientras,Amuay se nos queda en el alma, densa, cálida, inolvidable.

 

Ildefonso Finol

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