2018 fue de victorias para los pueblos revolucionarios del mundo

Opinión por Hernán Mena Cifuentes.– A pesar de las guerras de conquista, golpes de Estado, sanciones económicas y demás eventos trágicos desatados por el fascismo durante 2018, este fue un año de grandes triunfos para la mayoría de los pueblos y gobiernos progresistas y revolucionarios del planeta, ya que gracias a la constancia superaron sus efectos negativos y este año nuevo se disponen con su indoblegable voluntad de lucha a enfrentar nuevas agresiones de esa canalla mundial.

De nada les valió, o muy poco le sirvió a Estados Unidos y a sus vasallos europeos, latinoamericanos y criollos desbordarse en tan brutales y conflictos bélicos, sangrientas y costosas maniobras desestabilizadoras diseñadas para provocar hambre, miseria, enfermedad, pobreza y demás plagas sociales, que si bien causaron graves daños a la economía, progreso y desarrollo, no siempre lograron los objetivos perseguidos.

Todo lo contrario, se volvieron como bumerang contra ellos y sus pueblos, que hoy padecen, además de los efectos de una crisis política, económica y financiera generalizada, un caos social y moral provocado por el odio y la ira que sus gobernantes desataron contra el resto del mundo que está socavando en sus países los principios y derechos que rigen la sociedad humana y amenaza con llevarlos a la autodestrucción y la barbarie.

Mientras las sombras de ese incierto panorama se ciernen sobre el Imperio Yanqui y sus lacayos, los pueblos y gobiernos de Rusia, Siria, Irán, Cuba, Nicaragua y Venezuela y otros que como ellos fueron víctimas de sus sanciones, maniobras desestabilizadoras y amenazas de invasiones, se restauran de los males que ellos les causaron y con la fe puesta en el porvenir se preparan para conquistar nuevas victorias en 2019.

Eso sí, lo hacen alertas y vigilantes, pues por experiencia saben que los gobernantes estadounidenses son revanchistas y vengativos, y condenado como está EEUU a desaparecer como todos los imperios, esa fiera en agonía, para no morir en solitario, podría lanzar sus últimos zarpazos arrastrando en su caída al resto del mundo desatando una guerra nuclear que acabaría con todo vestigio de vida en la tierra.

No podrán, porque el mundo está dispuesto a impedir que esos potenciales suicidas destruyan al planeta y con él a los miles de millones de humanos que lo habitan, que aman la paz y la vida, no como ellos que aman la guerra y la muerte.

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